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03/07/2012
LA MACULADA CONCEPCIÓN DE ROMINA 7 AÑOS DESPUÉS.

 

 

Por  ALFREDO GRANDE*

En estos años se ha discutido y se ha profundizado en las políticas igualitarias para los géneros. Las distintas formas de combatir al patriarcado si bien no han resultado totalmente exitosas, han podido visibilizar una modalidad cultural que durante decenas de años permaneció naturalizada.  Patria, Familia, Propiedad, trípode de la cultura represora, han sido maquilladas en estos tiempos. Pero sabemos que aún vestida de seda, la mona, mona se queda. Y las sedas son algunas leyes progresistas entre las cuales vale destacar el matrimonio igualitario y la identidad de género. Sin embargo, el prejuicio retroprogresista que ciertas cuestiones (la violencia de género, por ejemplo) atraviesa a todas las clases sociales, oculta y no ingenuamente, que no lo atraviesa de la misma manera. El embarazo no deseado es un ejemplo. El aborto es una opción válida, accesible, tolerable, incluso sugerida, para mujeres de clase media para arriba que no desean continuar con algo que tampoco desearon comenzar. Aunque las clases acomodadas a sus privilegios de clase no les haga mella, el aborto es un delito. Y como en la constitución de 1994 se eliminó el delito de infanticidio, quedó la figura penal de homicidio agravado por el vínculo. O sea: reclusión perpetua. ¿Por qué se eliminó esa figura delictiva, que protegía a la mujer, que además incluía muchos atenuantes? Además, es un delito de bajísima tasa de reincidencia. La mujer aborta porque está embarazada. No se embaraza para abortar.  De lo que se trata es porque una mujer mata a su cría. Es posible que sea necesario admitir que parir un hijo no convierte a una mujer en madre. El deseo de ser madre es previo al embarazo. Por supuesto, si hablamos de un embarazo por deseo y no de un hijo por mandato. Porque aunque parezca increíble, también tener hijos es un mandato en el marco de la cultura represora. La familia nuclear, patriarcal, jerárquica, monogámica, reproductiva, es caldo de cultivo contaminado por toda clase de prejuicios, hipocresías, trampas y mentiras. Siempre que no se saquen los pies del plato de la sagrada familia, todo es permitido y tolerado, y toneladas de trapos sucios se lavan en casa. Por eso el calvario de Romina no tuvo nunca la defensa contundente de otras causas igualmente injustas, atroces y aberrantes. Hubo homenajes, como la canción de León Gieco. Sin embargo, aun la mejor Corte Suprema de Justicia devolvió la causa sin expedirse sobre la situación de fondo que era la prisión de la supuesta asesina. La pericia psiquiátrica realizada a Romina fue prejuiciosa y desconoció hechos fundamentales. El violador nunca resultó procesado y mucho menos condenado. El mejor homenaje a Romina sería legalizar el aborto, pero también implementando una educación sexual que permita la cultura del placer y también defenderse de la cultura del terror. Romina parió en la más absoluta soledad.  Pero una soledad aterradora, persecutoria, donde su cuerpo deformado, al que había cinchado durante meses, se rebelaba a sus órdenes, y actuaba como un monstruo fuera de control. Romina padeció una alteración psicótica de sus facultades mentales, lo que precipitó en un estado alucinatorio que le impidió ver a su bebé, para reemplazarlo por la imagen siniestra del violador. Inimputable de toda imputabilidad. Pero: mujer, pobre, chinita, abandonada. No se pudrió en la cárcel, pero ese fue el intento. Se sostuvo y algunas presas, no muchas, la acompañaron. Ahora sale por haber cumplido dos tercios de la condena. Seguirá siendo culpable de un crimen que nunca cometió. No hay  mejor que esta Revista para homenajearla. Y parte de ese homenaje, es permitir que la Revista publique el artículo que escribí en el 2005. 7 años después, y la cultura represora sigue coleccionando víctimas. Los victimarios disfrutan de todas las formas posibles de la impunidad.  A mi modo de pensar, la única inmaculada es Romina.

19/06/2005

2- LA CONDENA DE UNA VÍCTIMA DEL ORDEN FAMILIAR PATRIARCAL

La Maculada concepción de Romina

Por Alfredo Grande, psiquiatra y psicoanalista, especial para  Prensa de Frente

Manchada. Viciada. Ensuciada. Arrastrada. Así fue la concepción de Romina. Concebida con todos los pecados. Maldito sea su vientre. Maldita su simiente. Abandonada desde siempre por aquellos que debieron cuidarla. Ensayando para que la blancura de un guardapolvo disimulara la negrura de su panza cada vez mas hinchada.

Sin espejos donde mirarse. Sin ecos que al menos escucharan el rebote de su voz. La condición de mujer violada no podía dar paso a desear la condición de madre. Pero Romina nunca tuvo opción, ni elección. Apenas someterse a la sexualidad violenta y cruel de un orden patriarcal para el cual los placeres son de los varones y los deberes de las mujeres. Orden patriarcal que organiza una sexualidad represora, ante la cual los poderes terrenales y algunos celestiales otorgan todo tipo de puntos finales, obediencias debidas e indultos. Además, de generación en generación. Porque Romina no es una voluntad individual, no es una singularidad deseante que se abrió paso en el despotismo sádico de un capricho. El horror ante lo siniestro que crecía dentro de ella, el horror que se agigantaba mes a mes, el horror de una culpa indecible que no admitía confesión de parte, aniquiló, sin prisa y sin pausa, todo intento de pensamiento y de sentimiento propio. Exceptuando aquel que permitiera vislumbrar en algún momento la liberación de la de las cadenas de una maternidad violentada. Ninguna mujer se hace madre porque su útero crezca. Romina fue violada en cuerpo y alma. Y fue violada por todas las formas sociales y culturales que no solamente toleran, sino que exigen el sacrificio de las niñas y las adolescentes en los altares de la carroña patriarcal. No hay que olvidar que la derecha castiga aquello que propicia. No hay educación sexual, no hay entrega de anticonceptivos, ni de preservativos, no hay escucha y comprensión para la ansiedad y el temor que produce la aparición del deseo. El único camino que se permite transitar es el de la represión absoluta del instinto. Tolerando tan solo que sea pintado con los colores de la culpa, la vergüenza, el temor. Esperando con tenue rebeldía o absoluta resignación, que el castigo llegue una y otra vez, con diferentes formas, con los mismos resultados. Si la sexualidad de la mujer se organiza como sexualidad para el otro, no habrá derecho al propio cuidado, no habrá derecho al propio placer. Pero la hipocresía social no tiene espejo donde mirarse. Penalizar el aborto, aunque el 40% de los embarazos terminen de esa manera. El delito de abortar es una señal para todos y cada uno que la sexualidad por fuera de la cínica legalidad burguesa que se llama matrimonio, constituye un crimen de lesa corporalidad. La simultanea prohibición de la educación sexual y el aborto tiene como resultado que el aborto se siga haciendo, y cada vez más, pero en peores condiciones. Los ojos no ven, pero el corazón sigue sintiendo. Romina no tuvo ninguna instancia para dar cuenta de su rechazo al producto no querido de una relación odiada. Porque la mujer solo puede fantasear la placentera fantasía de un bebe, cuando la fantasía de un padre es también placentera. Padre real, padre simbólico, padre de la protección, padre del amor. En Romina la carencia mas absoluta de un padre para su hijo, de cualquier padre pero al menos uno, pulverizó todo anhelo, todo deseo para el encuentro con su bebé. Y en la pérdida profunda, aunque temporaria, de sus facultades racionales, comete el más horrible de los actos. Porque no había bebé sino recuerdo, o incluso percepción actual de aquel que ultrajara su vida. El hijo del diablo. Hijo que debe morir para que el recuerdo de su violenta concepción no se prolongue en una temporalidad infernal. Si del polvo vienes y al polvo volverás, también si del horror vienes, al horror volverás. Matar al bebé es el peor de los abortos. El más tardío, el más cruel, el más desgarrador. Pero el único que la cultura represora habilitó en Romina. Entre inodoros y lavabos. En la espantosa soledad de su locura. En lo segundos en que podemos ser y sentir como Romina, un aire helado nos congela el alma. Un dictamen inquisitorial con el disfraz de pericia psiquiátrica le da el certificado de calidad a la cultura del patriarca. Romina, la de la maculada concepción, es asesina.- Con seguridad, asesina por naturaleza. Por lo tanto severo castigo para ella. Solamente para ella. Todos los actores principales y secundarios de la tragedia pasarán sin pena ni gloria, y mucho menos con prisión. La mala, muy mala, muy asesina, es Romina. A la que abandonamos para que matara lo que ya antes la había matado a ella. Aunque de la muerte de Romina , muerta en vida, nadie se hará cargo. Ave Romina impurísima. Maldita tú eres entre todas las mujeres. Especialmente entre las burguesas mujeres que pagan por sus abortos. Y los burgueses hombres que seguirán embarazando y contagiando a las chinitas, las negritas, las putitas. En una tierra sin justicia, menos justicia aún habrá para Romina. Castigada por 14 años y mas también por su maculada concepción.

*Médico Psiquiátra y Psicoanalista. Cooperativista, Miembro Fundador de Ático Cooperativa de Salud Mental

 

 

Autora / fuente:
Publicado por Conrado Yasenza para La Tecl@ Eñe Revista Digital de Cultura y Política
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