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23/07/2015
Fallos cómplices con el abuso sexual en la infancia


El fallo, en mayo de este año, de Horacio Piombo y Benjamín Sal Llargués, que señaló que el abuso sexual a un nene de 6 años no había sido “gravemente ultrajante” –y por tanto redujo la pena del abusador- porque el chico ya había sido violado con anterioridad por su padrastro y además tenía una orientación homosexual definida, tiene antecedentes de sentencias cómplices con situaciones de abuso sexual en la infancia que evidencian la necesidad de profundizar la democratización de la justicia desde un punto de vista de género. Uno de esos fallos, en 1989, contó incluso con la adhesión del ex juez de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni.
Por Mariana Fernández Camacho
COMUNICAR IGUALDAD- “El Poder Judicial debe poner límites”, repitió el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, en sus últimos discursos. El dilema sería resolver, entonces, quién o quiénes limitan a ese mismo Poder Judicial que se maneja, desde épocas inmemoriales, con la impunidad de las personas intocables decidiendo la (mala) suerte de demasiadas/os ciudadanas y ciudadanos. El abultado historial de fallos que benefician a varones denunciados por abuso sexual en la infancia se ubica en esa línea, y no habría pedidos de “jurys” que amenacen con aplicarle un freno.
Hace poco, la sociedad se espantaba al conocer la decisión de los jueces Benjamín Sal Llargués y Horacio Piombo de reducirle la pena al abusador de un nene de seis años con el argumento de que el hecho no había sido “gravemente ultrajante” porque el chico ya había sido violado con anterioridad por su padrastro y además tenía una orientación homosexual definida. El desparpajo fue tal y el rebote mediático negativo tan grande que los magistrados se vieron obligados, esta vez, a presentar sus renuncias.
Pero ni Piombo ni Sal Llargués dieron un volantazo a sus trayectorias con este fallo. De hecho, el 15 de marzo de 2011 le acortaron a la mitad la pena a un pastor que había abusado sexualmente de dos nenas de 14 y 16 años y las dejó embarazadas. Como justificación señalaban: “Lo hecho por el encartado, tener relaciones con mujeres que viven en comunidades en las que el nivel social acepta relaciones a edades muy bajas; que, además, poseían experiencia sexual —incluso en yacer con otros hombres— y respecto de las cuales también operó el ejemplo brindado por otros sujetos para convencerlas de tener sexo natural con el objeto de estar en condiciones de concebir un hijo, no lo veo como algo moralmente edificante pero tampoco como un quehacer aberrante, repulsivo, que hiera la integridad sexual o que constituya, como se ha dicho, ‘la pompa de la deshonestidad’…” 
Tampoco desentonan estos dichos con el “modus operandi judicial”. A modo de ejemplo, en mayo de este año la sala II de la Cámara de Apelaciones de Lomas de Zamora liberó a un hombre condenado a 10 años de prisión por violar a su hijastra entre los 11 y los 13 años. Y rozó el desvarío la resolución, en diciembre de 2007, de la Cámara Criminal Segunda de Neuquén que planteó no poder probar si un ex policía de 73 años había violado a su vecina de 12 años, a pesar de que la nena quedó embarazada y la prueba de ADN confirmó que el bebé era hijo del imputado. En la sentencia, difundida por el Diario Río Negro, los jueces Emilio Castro, José Andrada y Héctor Dedominichi señalaron: “Lo que es materia de discusión es el grado de este contacto sexual, si ha habido penetración“. Así, los 11 años de prisión solicitados por la fiscalía fueron reemplazados por cuatro. Creer o reventar.
Más atrás en el tiempo, Carlos Elbert resolvía en 1989 –como integrante de la Sala 6ta Cámara Nacional de Apelaciones Criminal y Correccional- una piombo2apelación marcando diferencias entre penetrar u obligar a una fellatio a una niña de ocho años y, en consecuencia, consideraba excesiva la pena pedida por la fiscal teniendo en cuenta que: “Estamos ante un imputado sin antecedentes, que confesó plenamente el hecho y demuestra arrepentimiento. Es un hombre joven y padre de familia, que sufrirá graves consecuencias en el plano familiar y laboral, además de social. En el caso bajo examen, no causó daño físico a la menor, valiéndose sólo de engaños y seducciones para arribar a su reprochable proceder. Tal como lo señala la defensa, el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aun más el contenido traumático de la desfavorable vivencia para la menor”. El fallo —conocido como el caso Tiraboschi— contó con la adhesión de Eugenio Zaffaroni, integrante en ese momento de la misma sala.
“La creación de juzgados, fiscalías y defensorías temáticas especializadas en el maltrato infanto-juvenil es el primer paso para el mejoramiento de las respuestas institucionales. Gente realmente formada, capacitada, motivada y también contenida contra el desgaste profesional pueden mejorar la vida de muchos niños y niñas y evitar principalmente desenlaces fatales —explica el Dr. Juan Pablo María Viar, vicepresidente de la Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infanto-Juvenil (ASAPMI)—. Se ha llegado, y se llega actualmente, a la tolerancia de situaciones de maltrato y de abuso infantil realmente graves. Un cura villero decía: ‘Antes los niños eran prisioneros de los institutos, ahora se pasó al otro extremo donde los niños son prisioneros en sus propios hogares’, refiriéndose precisamente a situaciones graves de violencia contra la infancia por parte de sus padres o madres y donde los organismos administrativos y/o el Servicio de Justicia deciden la permanencia en la familia, provocando muchas veces filicidios”.

Autora / fuente:
http://www.comunicarigualdad.com.ar/fallos-complices-con-el-abuso-sexual-en-la-infancia/
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